Por Hugo Pereira

Politólogo y director de ElConstitucional.es

La campaña electoral de las elecciones autonómicas andaluzas del 17 de mayo de 2026 se configura como un escenario privilegiado para el análisis politológico. Se muestra a la perfección la interacción entre liderazgo, comunicación política y estructura de un complejo sistema de partidos. En un contexto de pluralidad formal —con cerca de una veintena de candidaturas— pero de competencia efectiva concentrada en cinco actores principales, la contienda electoral revela no solo diferencias programáticas, sino, sobre todo, disputas por el relato político y por la construcción de la representación.

Con más de 6,6 millones de electores convocados y el antecedente inmediato de la mayoría absoluta del Partido Popular en 2022, el eje de la campaña no se limita a la alternancia política, sino que gira en torno a la validación o impugnación de un modelo de liderazgo y de gestión. En este sentido, los carteles electorales —lejos de ser meros elementos decorativos o una reminiscencia simbólica de las campañas del pasado— funcionan como artífices de condensación ideológica, donde cada partido sintetiza su narrativa, su posicionamiento estratégico y su lectura del electorado.

Liderazgos y construcción del relato

El liderazgo de Juanma Moreno constituye el punto de referencia sobre el que pivota toda la campaña. Su estrategia responde a una lógica de regionalización del contexto político: evitar la contaminación de la agenda nacional y centrar el debate en su gestión autonómica. Su relato es claro y coherente: estabilidad, moderación y eficacia institucional. No se presenta como un actor ideológico, sino como un gestor fiable. Esta narrativa no solo define su campaña, sino que condiciona la de sus adversarios, que se ven obligados a confrontar ese marco pese a que, como se explica a continuación, les interesa sobremanera la inclusión de narrativas de ámbito nacional.

Frente a ello, María Jesús Montero construye un relato alternativo basado en la politización de la gestión, especialmente en el ámbito sanitario. Su mensaje —centrado en la defensa de la sanidad pública— introduce un eje de conflicto —un cleavage— que busca erosionar el principal activo del PP: su imagen de buena gestión. La implicación directa de Pedro Sánchez refuerza esta estrategia, pero también contribuye a nacionalizar la campaña, lo que puede ser un arma de doble filo en un contexto donde el electorado andaluz ha premiado previamente la autonomía política.

Por su parte, Manuel Gavira, bajo el liderazgo y paraguas de Santiago Abascal, articula un relato de confrontación identitaria. Su campaña no compite en el eje de la gestión, sino en el de la redefinición de prioridades políticas: seguridad, inmigración y “prioridad nacional”. Este enfoque busca desplazar el debate hacia un terreno donde Vox tiene ventaja competitiva, aunque limita su capacidad de expansión hacia votantes moderados.

En el espacio a la izquierda del PSOE, la fragmentación se traduce en relatos diferenciados. Antonio Maíllo —candidato de Por Andalucía, una coalición que alberga a Izquierda Unida, Podemos, Sumar, Iniciativa, Verdes Equo, Alternativa Republicana y Alianza Verde— intenta reconstruir un relato clásico de izquierda transformadora, centrado en la defensa de los servicios públicos y la intervención económica, mientras que José Ignacio García —candidato de Adelante Andalucía— apuesta por un relato más emocional y territorializado, donde el andalucismo político y la autonomía respecto a las estructuras estatales se convierten en elementos centrales.

Los carteles como síntesis del discurso político

El análisis de los carteles electorales permite observar cómo cada partido traduce su relato en una propuesta visual coherente. Lejos de ser elementos secundarios, estos dispositivos funcionan como atajos cognitivos que permiten al electorado identificar rápidamente los valores y prioridades de cada candidatura.

El cartel del Partido Popular es paradigmático en este sentido. La imagen de Juanma Moreno, en primer plano, sonriente, sin corbata y con una estética cuidada pero cercana, transmite una combinación de profesionalidad y accesibilidad. El eslogan “Con la fuerza de Andalucía” refuerza la idea de liderazgo territorial, mientras que la práctica desaparición del logo del partido en favor del nombre propio evidencia una estrategia de personalización. La escena de fondo —una calle con ciudadanos caminando— no es casual: sitúa al candidato en un entorno cotidiano, reforzando su identificación con la vida diaria de los votantes. En términos politológicos, el cartel materializa una narrativa de presidencialización desideologizada.

El PSOE, en cambio, utiliza su cartel como instrumento de confrontación. María Jesús Montero aparece con una estética que rompe parcialmente con los códigos tradicionales de su partido, adoptando el verde andaluz en lugar del rojo. Este cambio cromático no es meramente estético, sino estratégico: busca territorializar, en cierto modo, el mensaje y competir en el mismo marco simbólico que el PP. El eslogan “Vota sanidad pública” introduce un elemento de urgencia y de movilización, estructurado de forma jerárquica para guiar la lectura del elector. A diferencia del PP, aquí el cartel no transmite calma, sino necesidad de cambio.

El cartel de Vox introduce una anomalía significativa: la presencia simultánea de Santiago Abascal —el líder nacional del partido— y Manuel Gavira —el candidato regional—. Esta decisión rompe con la lógica de territorialización y refuerza la nacionalización de la campaña. La sobriedad del diseño, el fondo neutro y la menor expresividad de los candidatos transmiten firmeza y determinación, en coherencia con su relato de orden y seguridad. No hay elementos contextuales ni referencias territoriales explícitas: el mensaje es directo y sin matices.

Por Andalucía opta por una estrategia visual centrada en la construcción de liderazgo. La sobredimensión de la figura de Antonio Maíllo, junto con la repetición de su apellido, busca generar reconocimiento en un electorado potencialmente disperso. La ausencia de elementos complejos y el uso de una estética moderna pretenden proyectar una imagen de renovación dentro de la continuidad ideológica de la izquierda. El cartel funciona como un intento de simplificar una coalición compleja en torno a una figura identificable.

Adelante Andalucía, por su parte, introduce un enfoque distinto. El cartel de José Ignacio García apela explícitamente a la emoción con el lema “Vota lo que sientes”. La mirada hacia el horizonte y el uso de elementos simbólicos como la urna vintage evocan una narrativa de futuro anclada en la memoria colectiva andaluza. Sin embargo, la ambigüedad ideológica del cartel —sin referencias explícitas a la izquierda— refleja una estrategia de ampliación del electorado potencial, aunque puede generar problemas de identificación.

Las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) de los principales partidos que concurren a las elecciones andaluzas

El análisis DAFO de los partidos no puede entenderse de forma aislada de sus relatos y estrategias visuales, ya que ambos elementos se refuerzan mutuamente y condicionan la percepción del electorado.

El Partido Popular ha logrado alinear de forma especialmente eficaz su principal fortaleza —el liderazgo de Juanma Moreno— con un relato de estabilidad, moderación y buena gestión que se reproduce tanto en su discurso como en su cartel electoral. Esta coherencia estratégica le ha permitido ampliar su base hacia el centro político y consolidarse como fuerza dominante. Sin embargo, esta misma dependencia del marco de la gestión constituye también su principal vulnerabilidad: cualquier fallo en los servicios públicos puede erosionar directamente su credibilidad.

En este sentido, la crisis de los cribados sanitarios —que ha puesto en cuestión el funcionamiento del sistema de detección precoz y ha generado un fuerte impacto mediático y político— emerge como una amenaza significativa, ya que conecta con el eje de ataque central de sus adversarios. A ello se suma el desgaste inherente a los años de gobierno. Como oportunidad, el PP sigue beneficiándose de la fragmentación del espacio de la izquierda, que reduce la eficacia electoral de sus competidores, mientras que su amenaza estructural más relevante continúa siendo la posibilidad de perder la mayoría absoluta y verse obligado a depender de Vox, lo que tensionaría su relato de centralidad y autonomía.

El PSOE, por su parte, intenta transformar su posición de partida desfavorable en una oportunidad mediante la construcción de un relato de urgencia centrado en la defensa de los servicios públicos. La candidatura de María Jesús Montero se apoya en la capacidad del partido para movilizar recursos institucionales y en el respaldo del Gobierno central, con la implicación directa de Pedro Sánchez. No obstante, esta fortaleza puede convertirse también en una debilidad, en la medida en que refuerza la nacionalización de la campaña en un contexto donde el electorado ha premiado previamente enfoques más autonomistas. Su principal oportunidad reside precisamente en capitalizar crisis como la sanitaria para cuestionar la narrativa de buena gestión del PP, mientras que sus amenazas siguen siendo la desmovilización de su electorado tradicional y la competencia en su mismo espacio ideológico.

Vox presenta una notable coherencia entre su relato político y su representación visual, lo que constituye su principal fortaleza. El liderazgo de Santiago Abascal y la candidatura de Manuel Gavira se articulan en torno a un mensaje claro y movilizador basado en la prioridad nacional y la seguridad. Sin embargo, esta misma claridad delimita su capacidad de crecimiento, al restringir su atractivo entre votantes moderados. Su principal oportunidad depende del escenario postelectoral: la posibilidad de convertirse en socio imprescindible del PP le otorgaría una influencia política decisiva. Como amenaza, enfrenta tanto el rechazo de sectores centristas como la eventual absorción parcial de su electorado por parte del PP.

Por Andalucía intenta convertir su diversidad interna en una fortaleza mediante la centralidad del liderazgo de Antonio Maíllo y un programa político ambicioso. Su capacidad organizativa y su experiencia institucional constituyen activos relevantes, pero la heterogeneidad de la coalición dificulta la construcción de una identidad nítida. Su oportunidad radica en captar votantes progresistas desencantados, especialmente en un contexto de desgaste del PSOE. No obstante, la competencia directa con Adelante Andalucía y la penalización derivada de la fragmentación electoral representan amenazas importantes.

Finalmente, Adelante Andalucía apuesta por un posicionamiento diferenciado basado en el andalucismo político y en una apelación emocional al electorado, articulada en torno al liderazgo de José Ignacio García. Esta estrategia le permite destacar en un espacio saturado, pero también evidencia sus limitaciones en términos de notoriedad y recursos. Su principal oportunidad reside en captar votantes desencantados con las estructuras partidistas tradicionales, mientras que sus amenazas están vinculadas tanto al sistema electoral como a la competencia directa dentro del mismo espacio ideológico.

Conclusión de la campaña andaluza

La campaña andaluza de 2026 pone de manifiesto que la competencia política contemporánea no se articula únicamente en torno a programas, sino en torno a relatos coherentes, a su traducción visual y a la construcción —grosso modo— de liderazgos personalistas y sólidos.

En resumen, la capacidad de cada partido para alinear liderazgo, relato e imagen se convierte en un factor determinante. Andalucía se consolida, así, como un laboratorio donde se ensayan estrategias que trascienden el ámbito regional y ofrecen claves interpretativas para el conjunto del sistema político español y pone, desde luego, las bases para las futuras elecciones de nivel nacional.

 

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