Por Marta González Isidoro
Experta en geopolítica global y periodista
Venezuela atraviesa una de las crisis más profundas de su historia moderna. La combinación de factores políticos, económicos, criminales y geopolíticos constituye un fenómeno multidimensional paradigmático. Lo que los analistas denominan un patrón de “autoritarismo caótico” es un drama que recorre toda América Latina.
Los abusos de poder, los amaños electorales, las economías extractivas y las desigualdades sociales se dan prácticamente en todo el continente. Pero la confrontación con Estados Unidos, el papel del narcotráfico institucionalizado a través del Cártel de los Soles, las derivadas económicas de las sanciones, la crisis humanitaria y la dependencia petrolera han creado una tormenta que augura que, en esta ocasión, se den las condiciones para un cambio de gobierno alentado desde el exterior (Estados Unidos).
La política norteamericana ha oscilado entre sanciones financieras, presiones diplomáticas y amenazas militares. Simultáneamente, actores internacionales como Rusia y China han consolidado su influencia estratégica, lo que ha ampliado la complejidad del conflicto. La alianza de Caracas con estos actores (también con Irán y Cuba), la militarización del Caribe y las operaciones de narcotráfico son percibidas por Washington como amenazas directas a su seguridad hemisférica.

Las maniobras de presión incluyen despliegues de activos navales, operaciones de inteligencia y sanciones dirigidas a la economía y al sector militar. Pero la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera (FTO) por la administración de Donald Trump el pasado 24 de noviembre ha intensificado la presión sobre estas redes de narcotráfico, afectando la capacidad del régimen de Nicolás Maduro para financiar sus operaciones y manteniendo rutas de lavado de dinero y tráfico bajo constante vigilancia. La designación permite a Estados Unidos operar al margen del Congreso.
El Cártel de los Soles representa, en sí mismo, una estructura criminal institucionalizada, con conexiones directas con la cúpula militar y estatal. Su control sobre rutas de tráfico internacional y sus vínculos con grupos colombianos y mexicanos consolida un entramado criminal transnacional que sostiene financieramente al régimen bolivariano. Estados Unidos está decidido a tener presencia y control en el hemisferio sudamericano, y el Cártel de los Soles es la primera ficha de un tablero geopolítico en reconfiguración.
La reciente presión internacional no busca solo desarticular parcialmente esta red, sino también reducir su influencia y su capacidad de financiamiento. La autorización por parte de Washington del avance terrestre inicia un protocolo con marines y fuerzas especiales y revela un escenario crítico que podría definir el futuro de Venezuela a muy corto plazo. Por primera vez, Estados Unidos ha completado la fase de posicionamiento terrestre en el Caribe, en Colombia y en bases aliadas (Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Santo Domingo, entre otras).
Un operativo terrestre implicaría equipos especiales de extracción, unidades mixtas con capacidad nocturna, drones de ataque, fuerza aérea de apoyo y unidades encargadas de operaciones contra redes criminales vinculadas al Cártel de los Soles. Si el operativo se activa, estaríamos ante una operación quirúrgica que podría ejecutarse en pocas horas, orientada a capturar a los líderes del Cártel de los Soles, desmantelar centros de mando y control y asegurar zonas estratégicas dentro del país.
Mientras tanto, el régimen de Maduro responde activando en la frontera a un grupo de mercenarios rusos que ha operado previamente como fuerza de choque y protección clandestina, tanto de infraestructuras críticas como de altos mandos. En el país se encuentran cerca de 16.000 operativos extranjeros, entre rusos y cubanos. El despliegue de esta fuerza extranjera en Fuente Tiuna, el Palacio de Miraflores, las instalaciones de inteligencia, los depósitos de armas y las posibles rutas de evacuación de la cúpula demuestra que el régimen de Nicolás Maduro percibe la amenaza norteamericana como real e inminente.
En esta campaña en curso, la comunicación estratégica y los gestos también importan. Aparentemente, el régimen bolivariano cierra filas en torno a un líder por cuya cabeza Estados Unidos ofrece una recompensa de 50 millones de dólares para ser juzgado en Washington por narcoterrorismo. Con una legitimidad cuestionada en su fundamento democrático, las fracturas en la élite militar y burocrática podrían catalizar las negociaciones. El desmantelamiento parcial del régimen y una transición controlada no serían una opción descartable para una élite que tiene mucho que perder si no se recicla.
Por otro lado, la decisión de la administración de Donald Trump se entiende a partir de dos derivadas: la modificación de los protocolos de seguridad y control (afectando a la inmigración), y la necesidad de recuperar el control estratégico de los que considera su esfera de influencia o su patio trasero (América Latina). El mensaje de agradecimiento que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dirigió a sus tropas el mismo día de Acción de Gracias llevaba implícito el llamamiento al pueblo venezolano de que el final del régimen está cerca.

Maduro tiene un plazo irrevocable (a cumplirse el 5 de diciembre) para aceptar abandonar pacíficamente el poder y exiliarse en un país ya acordado: Turquía. Pese a la cercanía con Erdogán, Maduro tiene razones para no sentirse seguro en ningún exilio, por muy dorado que este sea.
La línea del tiempo se acorta. Toda confrontación implica riesgos. Estados Unidos baraja que, en un conflicto abierto, pueden producirse bajas (1.000 americanos y hasta 20.000 venezolanos) que no quieren, pero que son asumibles. Por el momento, la campaña militar emprendida por Estados Unidos es selectiva y limitada al Cártel de los Soles.
El control del espacio aéreo y marítimo les ha permitido cerrar el 85% del flujo de tráfico de drogas por estas vías, y el compromiso del propio presidente Trump de restituir en el poder a María Corina Machado, a quien considera la legítima vencedora de las últimas elecciones, celebradas en 2024, forma parte de una planificación más profunda dirigida por el departamento de Guerra. Estados Unidos proyecta fuerza mediante su poder naval. El portaviones Gerald Ford debe volver a su base de Norfolk a finales de diciembre, por lo que cualquier operación en curso en Venezuela debe realizarse, según los expertos militares, antes del 15 de diciembre.
El tiempo de la negociación ha terminado. La administración Trump es radicalmente diferente a la de Biden. Quieren responsabilizar al Cártel de los Soles por crímenes cometidos en Estados Unidos y por narcoterrorismo en dicho país (causas abiertas en el Tribunal de Nueva York). Es, por tanto, una operación que responde a los intereses norteamericanos, y no hay ningún deseo específico de liberar a Venezuela ni de devolver la democracia.
Los detalles se refieren a cómo se realizará la entrega del poder para minimizar los daños. Nicolás Maduro ya no tiene nada que ofrecer a los Estados Unidos. Es un personaje incómodo y prescindible, cuyo final está cerca, aunque los riesgos de una escalada militar y humanitaria, la narrativa de amenaza externa y la resistencia de actores vinculados al narcotráfico se mantienen.
La fragmentación del narcoestado y el desplazamiento del crimen organizado a países vecinos son posibilidades que no se deben descartar. Tampoco el intento de refuerzo de los vínculos con Rusia y China, frente a la presión occidental, por parte de otros actores regionales vinculados al Grupo de Puebla. No obstante, el fortalecimiento de mecanismos conjuntos contra el narcotráfico y el crimen transnacional parece ser la opción más realista.
La resolución del conflicto requiere estrategias integradas que combinen acciones políticas, económicas y de seguridad, y que consideren el impacto regional y global. Cualquier cambio de régimen implicará no sólo una transición política, sino también un desmantelamiento parcial o total de estructuras profundamente institucionalizadas. ¿Aceptan los venezolanos perdonar e integrar en su renacimiento nacional a quienes han violado, torturado, robado el patrimonio nacional, asesinado a opositores y cometido delitos de lesa humanidad?

Marta González -Isidoro
Comité Editorial CompoLider
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